Relatos cortos terror Terror General RELATO DE LUNA LLENA II (SEGUNDA PARTE)

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RELATO DE LUNA LLENA

(SEGUNDA PARTE)

A unos setecientos metros del fuerte, en un altiplano a la derecha de la entrada al fuerte y del camino principal, apenas visibles a la distancia, hacían presencia cuatro personajes de apariencia ruda, pero se hacia evidente que eran procedentes de Europa por su fisonomía. Estaban ideando un plan macabro que les había dado resultado con anterioridad.

-¡Hendrick!, quiero que te encargues en conjunto con Jonh de esperar entre la maleza y cuando nosotros estemos atacando a los hombres en el fuerte, si algunos pretender la retirada, ustedes se encargaran de matarlos, ¿Esta claro?...

-¡Si señor!.

-Nicolae y Fhernidam irán conmigo, yo me encargare de distraerlos por el frente y ustedes los atacaran por ambos flancos, ¡No quiero mas errores!, ya muchos han muerto y nuestras tropas cada vez se hacen menos…

-¡Si señor!...-Se escucharon a unitono las voces de los otros tres sujetos, mientras miraban el movimiento que se hacia en el fuerte por parte de los hombres de Yves.

De la conversación entre Gerald e Yves, se hacían más evidentes y de igual forma absurda las suposiciones de los hechos realizados días antes, pues cuando llenaban un espacio del misterio dejaban otro vacío. De pronto asaltando sorpresivamente el cuarto de juntas, entro un joven exaltado, dirigiéndose a Yves, diciéndole de forma enredada, que tendría que ver con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo, pues lo creían cosa de hechicería o del diablo.

Se dirigieron a la enfermería donde estaba postrado en una camilla el hombre que hallaron moribundo, al entrar y ver a aquel hombre que horas antes estaba desecho, sentado a orillas de la camilla y con sus heridas casi curadas por completo, era evidente la sorpresa que sobrecogía tanto a Yves como a Gerald y sus acompañantes, ninguno creía lo que esta viendo, pues esas heridas eran tan profundas y de gravedad, que si no moría, por lo menos lo mantendrían unos meses en larga y dolorosa recuperación, pero no era así, estaba ahí sentado y casi recuperado en su totalidad.

Y dejando de lado la sorpresa y la sensación de temor que le invadía, Yves comenzó a cuestionar al hombre, pues su rápida recuperación le agregaba una pieza mas al misterio que trataba de resolver, pues tenia que armar su reporte.

-Y dime muchacho, no te he de preguntar como fue que te recuperaste tan rápido de esas heridas, porque imagino que ni tu mismo te lo explicas, pero podrías comenzar por decirme ¿Cuál es tu nombre?...-No trato de forzarlo a responder las preguntas, pues sabia que después de su agonía muchas cosas no le quedarían claras.

-Pedro de Castilla, señor…-Ese era el nombre del propietario del diario que había encontrado botado en las afueras del fuerte, esa fue la razón de que sus ojos se desbordaran de sus cuencas al escuchar aquel nombre, pero omitió mencionar el hallazgo de su diario y prosiguió con las preguntas.

-¿Quién los dirigía?...

-Francisco Álvarez…

-Y, ¿Cuál era su misión?... El nombre de Álvarez le era familiar, pues fue él quien le había recibido en el puerto de Veracruz un año antes.

-Solo reconocimiento, solo eso y nos íbamos de este maldito lugar, sabrá Dios cuantos demonios mas se encuentren allá afuera…

La reacción del muchacho le hacia notar a Yves que su agonía le había afectado un poco el cerebro, pues lo que decía no tenia coherencia, por esa razón decidió irse del lugar. Yves le pidió a dos de sus hombres que lo calmasen y se alejo junto con Gerald, a pesar de que Gerald decía que lo que habían visto era imposible de creer y le daba distintos puntos de vista, Yves no le escuchaba pues quería respuestas y solo le venia a la mente una fuente a sus dudas.

-Señor, si acepta mi humilde opinión, yo sugiero que haga antorchas a unos cien metros del fuerte, al menos así no le tomaran por sorpresa, fuere lo que haya atacado a esos hombres…-Gerald hacia notar la preocupación que sentía por el bienestar de sus hombres y el suyo mismo. Pero Yves parecía mas interesado en buscar sus dudas imaginándolas encontrar en el diario, pues se le notaba alejado de lo que pasaba, solo aprobaba con acierto lo que Gerald le sugería.

-Antonio, quiero que hagan fogatas lo bastante grandes como para que iluminen lo suficiente, no quiero que nos pase lo que a los hombres que recogimos por la mañana…

-¡Si señor!...

Terry les hacia saber que en la Europa del siglo XV se tenia la creencia de algunos seres que por las noches de luna llena se dirigían a los cementerios para devorar a los muertos, era la creencia popular de entonces pero no se demostró nada, mas eso no quedo del todo borrado entre los pueblos europeos y el mito fue ganando popularidad esparciéndose por toda Europa, trayendo con ello algunas historias macabras y personas que acertaban transformarse en bestias para devorar hombres. Oferta de misiones de planeta

Las palabras que Terry decía eran escuchadas atentamente por Carlos y los demás que se encontraban ahí, tan adentrados estaban en la platica que ignoraban que otros hombres se movilizaban para proceder con las ordenes que Yves había dado. Hasta que uno se les acerco y los asusto a todos con un grito burlón de espanto, tanto se asustaron que se movieron de su lugar pegando un pequeño brinco.

-¿Terminaron señoritas?...

-¡Maldición!, ¿Santiago, acaso nos quieres matar de un susto?...-Solo se limito a soltar una pequeña sonrisa burlona.

-No, en realidad solo les venia a decir que Yves ordeno hacer fogatas alrededor del fuerte, pero aproveche la platica para divertirme un poco, solo quiero que estén alerta, no sea que les vayan a llamar la atención por no estar haciendo nada, ¿Esta bien?...-A pesar de su carácter burlón, Santiago era muy responsable y también se preocupaba por sus compañeros.

-Gracias Santiago, bien creo que terminaremos esta platica en otra ocasión, ¿No es así Terry?...-Carlos le extendió la mano en muestra de amistad, ya los demás no le consideraban un extraño, Terry por su osadía había ganado amigos gracias a la amabilidad de Carlos.

Una hora después la noche hacia presencia por el horizonte, la leña acumulada estaba lista para arder, era solo cuestión de dar la orden para encenderla, no muy lejos de ahí un hombre montado a caballo observaba lo que estaba ocurriendo, al momento que pensaba: -Pobre el destino de esos hombres, ¿Por qué son tan obstinados? Solo vienen a recibir una muerte segura, ¡Ya es hora, es mejor que me vaya!- Solo se alejo en su caballo al momento que comenzaban a arder las fogatas.

Al ver las fogatas arder, uno de los hombres que observaba en el altiplano se sorprendió y se dirigió rápidamente a donde se encontraban sus colegas, para decirle a quien los lideraba que su plan podría venirse abajo por la acción que se había efectuado en el fuerte, se dirigió a toda velocidad a mas o menos unos dos kilómetros y le hizo saber a su dirigente que en las afueras del fuerte ardían grandes fogatas cosa que no sorprendió a Richard.

-El plan no se vera afectado, no renunciare hasta que esos malditos españoles se retiren de esta tierra…

-Pero señor, ¿Esta seguro?...-Richard era un hombre muy testarudo y no se conformaba con nada.

-Seria lo mismo que atacar a la luz del día, incluso menos peligroso, aun con las fogatas, la visibilidad no es mucha, así que no cambiare de planes, avísales a los demás, nos iremos en seguida…

-¡Si, señor!...

Yves le comentaba a Gerald lo que estaba escrito en el diario, lo cual le hacia suponer que los franceses no eran los responsables de los anteriores asedios al fuerte, Gerald le hacia notar que los franceses no tenían intenciones por el momento de atacar territorios de España, ahora surgía una nueva duda, ¿Quién era responsable del asedio al fuerte?.

Eran cerca de las diez de la noche, las fogatas iluminaban lo sufriente como para notar movimiento a cierta distancia, los centinelas del fuerte se encontraban alerta, algunos soldados platicaban, otros cenaban pero ninguno podía dormir por miedo a lo que pudiera pasar. Cerca de ahí, alejados de la iluminación de las fogatas, eran despachados unos setenta hombres, algunos recostados en la maleza, otros en ambos flancos del fuerte y otros se acercaban con cautela por el frente. Uno de los centinelas pudo observar un movimiento extraño en la maleza disparando su mosquete, de esta forma respondieron la agresión con disparos, alertaron a todos en el fuerte comenzando de esta forma la refriega, solo se escuchaban los sonidos de los mosquetes, los gritos de dolor y de valentía, así durante treinta minutos, de pronto silencio.

No podía verse nada a pesar de las fogatas, pues la pólvora había dejado una cortina espesa de humo, todos en el fuerte estaban cargados de adrenalina y miedo, tanto franceses como soldados de Nueva España, un sonido aterrador rompió el espacio de silencio que había sido creado por ambos flancos, eran aullidos de lobos, tan resonantes que cimbraron el miedo absoluto y estremecieron hasta los huesos, tanto de agresores como agredidos, muchos pensamientos asaltaban en ambos flancos, de esta forma Gerald le pidió a Yves que le devolviesen sus armas a sus soldados, puesto ahora no era cuestión de políticas entre naciones, la situación en la que se encontraban era “precaria”, o bien luchaban o bien morían…

CONTINUARA…

El Autor de este relato fué Aldo Adrian R. L. , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=12545 (ahora offline)

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