Relatos cortos terror vampiros Hola Sergio

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_ Hola Sergio

_ Qué tal, Silvia?

_ Bien, oye, muchas gracias por invitarme…

_ De nada, me dijo Pedro que te gustan los “Red Hot”

_ Sí, la verdad es que había pensado en venir al concierto, pero como a éstas no les gusta el grupo pasaba de venir sola… me gustó que me llamaras

_ Necesitaba cambiar de aires

_ Ya me contó Patricia lo de vuestro colega… lo siento

No, Silvia. No lo sientas. No lo sientes. No conoces de nada a Pedro y no te he llamado para escuchar diplomacias baratas. Te he llamado porque me ahogo, llevo casi dos semanas haciendo viajes a un hospital para ver cómo un colega asimila que jamás volverá a caminar. He estado demasiado tiempo viendo caras como la que acabas de poner, controlándome para no decirle a la peña que no soy yo el que está jodido, que a mi no me tocó y que se ahorren su maldita lástima porque se irán a casa andando y pensando que gracias a Dios que no le pasó a uno de sus hijos… hijos de puta!!

_ Prefiero no hablar del tema, si no te importa

_ Te entiendo… quieres que compremos algo para beber antes del concierto?

_ Perfecto

Vamos hacia el bareto de la plaza de toros. Está todo lleno de gente y empiezo a pensar que quizá no haya sido una buena idea. Intento aguantar el tirón mientras Silvia se cuela entre la gente para pedir. No sé por qué la he invitado. A lo mejor ha sido porque es la única persona de mi entorno que no conoce a Paco, estoy harto de ver llorar a la gente. Estoy harto de no salir de casa para no ver a nadie que no sea Pedro. Está hecho polvo, no ha querido venir al concierto. Creo que yo tampoco debería estar aquí… me voy

_ Te he pedido un J&B cola, como no me has dicho lo que quieres… a dónde vas, Sergio?

_ Tengo que salir de aquí

_ Espera, te acompaño

_ No, quédate Silvia… perdona, pero es que no ha sido una buena idea… me estoy mareando

_ Escucha Sergio, déjame acompañarte hasta el coche

_ Te vas a perder el principio, gracias, de verdad

_ Ahora salen los teloneros, estás pálido y quiero asegurarme de que llegas al coche

No hay tiempo para réplicas. Silvia me coge de la mano y me guía hacia la salida. Empiezo a ver todo borroso y me alegro de que ella esté aquí…

_ Te encuentras mejor?

Ya estamos en el coche. Silvia ha reclinado el asiento y ha puesto el aire acondicionado porque fuera hace mucho calor. Me incorporo un poco porque ya me siento mejor. Ella está dándole un sorbo a su cubata y pone música… suenan los Red Hot y sonríe.

_ Venías aprendiéndote las canciones?

_ No controlo demasiado del último disco… me apetece un trago

Silvia se gira y me da un vaso de cartón grande con publicidad de Coca Cola.

_ Espero que aún le quede algo de hielo, el mío empieza a ser agua

_ Tenían Malibú ahí dentro?

_ He desistido, me he pasado al vodka

Nos reímos un rato mientras los Red ponen banda sonora al momento. Miro el techo del coche mientras pienso que me alegro de haberla llamado

_ Te vas a perder el concierto…

_ Ah, si??... pues yo creo que escucharlo aquí es mejor que ahí dentro… aquí se puede elegir tema… cual te pongo?

_ Gracias… lo siento por las pelas, pero tienes razón, odio intimar con desconocidos mientras estiro el cuello para ver la coronilla del cantante

_ Pues yo siento perderme la coronilla del cantante… tendré que esperar otro par de años para ver a mi amor platónico Todo sobre juegos NFT, cuanto puedes ganar, si son entretenidos, Axie infinity y mucho mas Todo sobre juegos NFT

_ Si te sirve de consuelo, yo te dejo ver la mía

_ No te has acabado el cubata y ya me estás haciendo proposiciones indecentes?

_ Yo propongo… la indecente serás tú si aceptas…

Silvia se gira y me mira a los ojos. Intercepto su señal y me acerco un poco más a su asiento. Dejo mi boca a dos centímetros de la suya y no aparto la mirada. Ella tampoco. Noto su aliento y me empieza a subir calor desde las ingles. Dejo de mirarle a los ojos para concentrarme en su boca. Sus labios son carnosos y están entreabiertos, su aliento huele a naranja. El calor se me sube a los mofletes y noto que me arden las orejas. Todavía no nos hemos rozado y creo que voy a correrme. Ya pillo el juego, Silvia. Me encanta que me estés poniendo malísimo con sólo mirarte. Dios!!, tengo que agarrarme el pantalón para no echar mano a todo lo que estoy deseando tocar. Ella levanta su mano y empieza a tocarse el cuello. El aire acondicionado le ha puesto duros los pezones y su mano baja por su escote hasta su entrepierna que se abre para recibirla. Me acerco y ella me separa. No aguanto más. Me sudan las manos y creo que la cara se me está poniendo morada. Me fijo en su pecho. Está respirando aceleradamente y comienza a mover las caderas mientras su mano se pierde debajo de la falda. La imito y bajo la mía hasta el bulto que arde bajo los vaqueros. No aparta sus ojos de los míos y comienza a gemir. Se muerde los labios y acelera el ritmo. Voy a estallar. El vaquero me aprieta y empiezo a tener ganas de gritar. Ya está, se acabó el juego. La beso con tanta fuerza que creo que nos hemos hecho daño, pero no lo siento porque lo que quiero es que se retuerza de dolor. Me pongo encima suyo y me aprieto contra sus piernas abiertas. Ahora te toca a ti. Le sujeto los brazos y empiezo a moverme. Despacio, casi sin rozarla. Abre la boca y echa el cuello hacia atrás. Noto sus caderas agitarse pero sé que aun hay tiempo.

_ Métemela Sergio… métemela por favor!

Casi grita al decirlo. No, Silvia, ya hemos jugado a tu juego, ahora vamos a jugar al mío. Mis labios resbalan por su cuello hasta su escote. No lleva sujetador y un pezón sobresale de la camiseta. Me entretengo con el todo lo que puedo mientras la oigo gemir cada vez con más fuerza. Levanto la cabeza y la miro mientras me muevo sin tocarla, levantándome todo lo que me permite el poco espacio del que dispongo. No es fácil follar en un coche, y menos cuando estás tan caliente que destrozarías todo lo que hay debajo. Algo me dice que esto no puede durar mucho más. Sujeto ambos brazos con una mano y desabrocho los cinco botones que me separan del éxtasis. No debo tener sangre en el cerebro porque lo que toco está ardiendo. Aparto sus bragas hacia un lado y me hundo entre sus caderas sin miedo a romperla por la mitad. Sus ojos se abren lo impensable y su espalda se arquea. Suelto sus manos y clava sus dedos en mi espalda. Empiezo a bailar al ritmo de sus caderas y ella grita poniendo la música. Cuando creo que no voy a aguantar lo suficiente noto que sus caderas empiezan a agitarse. Arquea la espalda como si fuera un gato mientras suelta un grito que se debe oír en todo Leganés. Ahora yo. No nos hemos puesto la dichosa gomita así que empujo un par de veces más y me retiro para dejarle empapada la camiseta.

El Autor de este relato fué Messalina , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7869 (ahora offline)

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