Relatos cortos terror vampiros La última noche de los vampiros

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—¿Quieres decir que hemos perdido nosotros?.— Dijo el viejo mientras apuraba su copa de sangre.

La noche era fría. Fuera el viento ululaba por entre los arboles como un fantasma en una casa encantada. Las estrellas brillaban en ese puzzle tan extraño e infinito que es el universo.

— No debes mirarlo de ese modo, Urath. Ellos sobreviven y nosotros estamos abocados a la extinción.— Vio como su obligado aliado dibujaba una mueca de disgusto en su rostro. Esperó lo peor— Debes tranquilizarte, ya de nada sirve enojarse.

Uraht soltó una risa diabólica, se levantó del sillón mullido en el que estaba y pateó la larga mesa de roble que estaba ante ellos. Ésta voló hasta el extremo opuesto de la habitación donde se hizo añicos junto a las copas de cristal contra la hermosa y descomunal chimenea que se erguía triunfante en el salón. Algunos trozos y astillas cayeron dentro y avivaron más el fuego. Durante unos segundos la habitación quedó más iluminada.

—¿Qué sugieres que haga entonces, Acebel?, ¿Qué diablos puedo hacer?.— Preguntó con tono de súplica.

Acebel entrelazó sus largos dedos, lo miró fijamente. Estaba más pálido que nunca. Y nunca era demasiado tiempo.

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—Resignarte, supongo que es lo que tendremos que hacer todos.— contestó.

Uraht volvió a levantarse del sillón, reaccionó de manera completamente distinta a como hubiera podido imaginar Ace. Se dirigió a la pared y comenzó a andar verticalmente por ella hasta situarse en el techo, colgando como el vampiro que era.

—Me niego a resignarme. Nuestros científicos darán con una cura, un antídoto.— cruzó ambos brazos sobre su pecho, semejaba bastante un niño con una rabieta. Solo que un niño muy viejo y pálido. — Algo.

—Llevan años investigando y la mayoría han muerto ya, sólo trabajan en el proyecto tres. Y creo que uno de ellos ya ha enfermado. Mordió a un portador del gen Mors.

El viejo dio un puntapié a la lámpara de araña que pendía del techo, una catarata de cristales bañó el suelo. De sus ojos brotaban chispas de maldad.

—Todo ha ocurrido tan de repente. No estabamos preparados para esto. ¿Cómo ha podido suceder? .No dejo de darle vueltas a la cabeza.

Acebel abandonó su sillón, se dirigió a la chimenea. Las llamas se reflejaban en sus negros ojos, atizó la candela.

—Ellos han mutado Uraht, nosotros no. Los humanos evolucionan y nosotros permanecemos siempre igual. Por mucho que poseamos mayor fuerza y habilidad la naturaleza se ha revelado a su favor. Siempre lo acaba haciendo. Hoy en día hay muchos tipos de gripe, el humano las venció a todas pero la gripe sigue mutando, creo que los seres humanos son una gripe perfecta.

El viejo se descolgó del techo y con la habilidad de un atleta dio una vuelta en el aire para caer de pie. Agarró suavemente por los hombros a Ace.

—¿Cómo puedes hablar así de ellos, es que acaso los admiras, Acebel?. Tienes casi tantos siglos como yo, y te has alimentado de ellos como lo hemos hecho todos nosotros. Sabes que no tienen valor alguno a nuestro lado. Son egoístas, el dinero les maneja, puede que hayan evolucionado sus cuerpos pero en lo que se refiere a moral han tomado el rumbo equivocado. La sociedad de esta era está marchita.

Las llamas crepitaron dentro de la chimenea.

—Puede que sea así, pero nosotros no somos quienes para juzgarlos.— contestó firmemente.

El rostro de Urath dibujó varias expresiones a la vez pero la que más destacó fue el odio. Agarró con más fuerza a su aliado, de haber sido Ace un humano normal habría reventado ante la presión de sus garras.

—Su sangre mata a nuestra gente, querido. Siete de cada diez personas portan el gen Mors, ¿cuánto tiempo serás capaz de alimentarte hasta que te envenenes?, ¿Cuánto hasta que desaparezca tu clan?.

Acebel apartó las garras del viejo, sin duda era fuerte. Intuía que iba a ser difícil convencer a Urath pero no sabía cuanto. Volvió a temer lo peor y en esta ocasión sí acertó.

—Nosotros no volveremos a alimentarnos, como ya te dije, sabemos nuestro destino y lo aceptamos. Hasta ahora ha sido ley de vida o de muerte, pero siempre hemos respetado a los humanos aunque hayan sido nuestro alimento. Es hora de retirarnos, y no seré yo quien no agradezca tantos siglos de padecimiento humano.

—Acebel, tu hermano... mi hija, han muerto. ¿No da eso un duro golpe a tu moral filántropa?.— Mechones de su lánguido pelo moreno con mechas grises cayeron sobre su frente, adquiriendo su rostro una apariencia desquiciada.— ¡han sido los humanos!

Esta vez fue el joven vampiro quien asió de los hombros a Urath.

—¿A cuántos de ellos hemos asesinado nosotros, viejo?, Yo a miles. Mi hermano fue sabio y supo perdonarlos. Murió con dignidad, lo mismo pienso hacer yo. Nuestras discusiones no disuadirán a la muerte para que pase de largo.

Urath le miraba fijamente, su sonrisa adquirió un rictus malvado. Ahora comprendía la reacción del muchacho. Rió salvajemente mostrando sus largos y afilados colmillos.

—Lo que pretendes es imposible, descabezado. Estamos malditos. — Decía entre carcajadas. crushfetishvideo.1blogs.es

Acebel le miró sorprendido.

— ¿A qué te refieres Urath?— preguntó.

—De nada te servirá redimirte ante su Dios, ÉL no te perdonará, es inflexible respecto a esos temas. Aunque quién sabe, si rezas un millón de AVE MARIA quizá lo haga.— dijo en chanza.

Ace rió también. Cuan equivocado estaba el viejo.

—Me redimo ante ellos. Y si fueras tan sabio como dicen las lenguas y escritos tú y tu clan haríais lo mismo.

Urath cortó la carcajada en seco. Sus ojos pasaron del color negro del abismo al rojo del averno. Emitió un graznido en nada comparable a un grito humano. Luego se encaró con el joven.

—¡¡JAMÁS, ACEBEL DEL SUROESTE DE LAS TIERRAS BALDIAS DEL TERSO!!,¡ CLAMO VENGANZA POR MI HIJA Y POR TODOS LOS HONORABLES VAMPIROS QUE NUNCA DESCANSARÁN EN PAZ HASTA QUE LA RAZA HUMANA SE HAYA EXTINGUIDO JUNTO A NOSOTROS!

—Urath, no puedes hacerlo. Son demasiados, millones, y tu clan solo lo componen mil y algunos ya han enfermado. Moriréis antes. Es inútil.

—Tienes razón. — Admitió el viejo con dolor en sus palabras. Ace respiró un poco más tranquilo. — Podemos estar un mes sin alimentarnos, organizaré una partida, mataremos cuantos sean posibles. Pero sólo mujeres, niñas y ancianas. Será fácil, al menos morirán doscientas mil. Los vampiros no se marcharán por la puerta pequeña.

Urath se dio la vuelta, comenzaba a maquinar la ruta a seguir para que su masacre fuese aún mayor. Las palabras de Acebel le hicieron volverse súbitamente.

—Entonces no dejaré que abandones con tu eterna no-muerte esta mansión.— amenazó.

— ¿Piensas matarme, Ace?— Preguntó en falso tono amistoso.

—Si así ha de ser, será. No puedo dejar que comuniques tu decisión al clan.

—Entonces todo queda ya dicho. Lucharemos a muerte. El que sobreviva guiará el timón de cómo deban suceder los acontecimientos. El destino ha hablado. Me hubiera complacido tenerte de aliado también en esto. Lástima.

—Será una lástima manchar de sangre el buen nombre de tus ancestros. No hagamos pues esperar más la batalla.

—Dicho sea.

Urath voló raudo hasta Acebel, ambos entrelazaron sus dedos y comenzaron a girar elevándose cada vez más en el aire. Midiendo sus fuerzas. Giraban a gran velocidad.

—Eres fuerte, viejo. Pero mi causa es más justa y me dará fuerzas para luchar.

—JA. — Rió su oponente.

En el horizonte el sol ganaba terreno a la noche. El este empezaba a tomar un ligero y apenas perceptible color anaranjado.

—No entiendo tu compostura. Esos humanos son ridículos, ni siquiera respetan nuestro mito, hacen parodias estúpidas en el cine, nos deshonran.¿ De donde sacó ese cretino de Stocker que una estaca de madera en nuestro corazón nos provoca la muerte?, ¡Si nuestro corazón no late, Ace!, ¿Y los ajos, qué me dices de los ajos?. ¡Yo me puedo dar un baño en una piscina llena de ajos y lo único que me causaría dolor sería el pestilente olor que tendría mi cuerpo durante un tiempo!. ¡Merecen morir!

Urath se despojó del joven lanzándolo contra la pared, ésta tembló. Ace cayó aturdido al suelo. El viejo saltó sobre él y de un zarpazo abrió en canal su pecho, sacando el corazón inerte del joven.

— ¿Ves cómo no late?— Ironizó.

Ace sentía un gran dolor, nunca imaginó que el viejo tuviera tanto poder. Supo que iba a morir, su gran regocijo es que no lo haría solo. Urath iría con él. Comenzó a reír.

—¿De qué ríes, cretino?, ¿Acaso ver aun más cerca tu anhelada muerte te ha vuelto loco?.

—La lucha ha sido más desigualada de lo que pensé pero el final será el mismo. Ambos moriremos, quizá yo con más honra que tú, Urath. Yo muero en la batalla pero tú... tú mueres envenenado. Tu copa contenía un añadido especial, el gen Mors. Posees dos días de vida, y acaba de salir el sol, tienes que dormir por lo que sólo pasaras una noche en este mundo. Matarás muchas personas inocentes mañana, y puede que tu clan continúe la labor unas cuantas noches más pero lo dejaran pronto, créeme, al no estar bajo tu ira querrán morir en paz dignificando el mito sobre el que están construidos. De todos modos no os será tan fácil aniquilar seres humanos, he dado órdenes específicas a mi clan, en caso de que yo no llegara esta noche deberán combatiros y sé que lo harán. Lo siento Urath, no podía arriesgarme.

El viejo se agachó, agarró a Acebel como un recién casado agarra a su amada y se dirigió a la ventana con el moribundo. En silencio. Cuando llegó ante ésta arrojó al joven por la ventana y se fue a descansar.

El sol había salido escasos minutos antes, Acebel le dirigió una mirada antes de que su cuerpo iniciara la combustión y desapareciera entre jirones de llamas y dolor.

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Acebel murió.

El Autor de este relato fué Juan de Dios Gardu%F1o , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7404&cat=craneo (ahora offline)

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