Relatos cortos terror vampiros Pecado Mortal.

 

 

 

No hay un solo condenado que nunca llegue a arrepentirse de sus actos y su condición. Todo vampiro cae alguna vez presa de su propio dolor y de su propia involuntad, tal es mi caso. Mi nombre es Aicus y soy un reptil mas de esta noche eterna en la que mi sociedad vive, un renegado, no muerto, o como quiera calificarme vuestra raza diurna y caduca.

Mi pecado dio su origen la noche de aller, en lo que parecía solo un acto mas.

Paseaba camino de la catedral, el único lugar donde sentía el cese mi sed.Sin embargo ésta me sobrevino mucho antes de lo que calculaba, y a pesar de haberme saciado hacía tan solo un par de horas, notaba de nuevo como mi piel se tornaba pálida y mis venas perdían su pulso. No somos monstruos como algunos si no todos nos véis, solo pertenecemos a una raza diferente con sus diferentes hábitos y maneras de subsistir. Y por engendro que yo fuese prevalecía el ansia de vivir ( si es que vivo se me puede considerar ). Comenzaba a ser víctima de unos pulsos nerviosos punzantes en todo mi cuerpo, no de una sed propiamente dicha por vosotros, no era una sed mortal, sino el castigo que devía pagar por mi fisonomía necrófaga y mi alma errante. Durante mucho tiempo intenté cerrarme a mi instinto, mas fue en vano, y mis colmillos habían crecido sobrehumanamente desgarrandome las encías con un dolor que ahogué con un jadeo. Ahora el corazón me latía velozmente y mis arterias se inchaban sobresaliendo de la piel. Ya está, toda voluntad de mi mismo había quedado reducida a nada, ni tan siquiera mis pensamientos eran libres,y las escenas mas siniestras y sanguinarias que la mente pueda concevir se me paseaban como nimios recuerdos de toda mi vida penitente, escitandome como solo me había ocurrido en el momento previo a mi transformacion, mientras supcionaba de mi amo.Mi voz pasó a ser un sonido espectral como salido de los abismos del infierno. Era la bestia y no yo mismo, el asesino y no Aicus. Mi olfato se disparó y pude percivir un olor a sangre pura y virgen no muy lejos de mi situación. Movido por mi posesión me transformé en el rallo al llegar a un parque en tan fugaz tiempo. Y allí estaba, digo mejor, estaban, ella junto a otra sangre, sin embargo yo tenía clara mi predisposición. Las dos figuras se fundían en una sola quitándose sus ropas impregnadas de calor y hedor, tan atrallente para mi. Los interrumpí en su lujurioso acto donde se perdía algo mas que fluídos y de un golpe derribé inconsciente al pecador varios perdiendose a varios metros de distancia entre la neblina. Entonces en un intento por controlarme prevaleció el instinto desenfrenado y la escitacion llegó a su plenilunio. La aún virgen había sido engañada por su acompañante, pude percivirlo pero ella le creía mas inocente de lo que yo mismo la creía a ella.Oh, su sangre corría tan sumamente rápido por sus entrañas que parecía fuego quemando sus venas.Oh, que placer era aquel, solo estar allí frente a ella.Oía su corazón precipitarse en la locura y tentando al vampiro, atormentandome a mi.Y antes que ella dejase escapar un solo grito o huir ya mis manos reposaban sobre ella. No era su cuerpo inmaculado y desnudo ante mi posibilidad, solo su interior, solo su vida, era preciso arrebatarle el alma para que ese goce entrara a mi con todo lo que conllevaba. El acto sexual no tiene comparación posible con el don oscuro, oh, que iluso solo el que lo piense. Perdida ya toda fuerza de contención, ya con mi aspecto plenamente comparable a mi cadáver, con todo salté a su cuello e inque mis fauces en ella con la pasión de un primerizo adolescente. LUego llegó el éxtasis, nadie puede tan siquiera imaginar ese goce , solo es equiparable a su consecuente penitencia, aunque yo no pensaba en eso en aquel momento, solo había cabida para sentir, solo sentir. ESe calor líquido penetrando en mí, deslizandose por la garganta avivando todo mi ser,oh, que vital, solo así un vampiro puede sentirse vivo, solo absorviendo la vida. El dulzor me llevaba volando por las sensaciones y recuerdos de la chica, me invadía, me hundía en su vida para respirarla hasta vaciarla, hasta que todo aquel placer corriese por mi cuerpo, hasta que fuese totalmente parte de mi sin posibilidad de escapar, pues soy inmortalmente invencible.Oh, disfrutaba incluso aquella parte de mi que se arrepentía del acto, cómo negarse a tal placer, devía estar loco.Todo mi cuerpo se hacía calor, la calidez de lapasión y la virginidad estaba en mí, qué instantes.La mejor bebida que jamás había degustado, la fluidez misma de la belleza y la fogosidad hembra. Finalmente hube de parar antes del último sorbo, antes de que ella perdiese la vida, pues absorviendo su muerte ésta tambien me alcanzaría a mi, no podía´correr otra cosa que vida por mis venas a menos que desease perecer, y así fue como muchos compañeros míos alcanzaron el suicidio, desgraciadamente otros muchos alcanzaron el accidente. Aquel "orgasmo" duró mas allá de lo que pensaba, llegando a dormirme al alba con él, y que bellos sueños, solo propios de los vivos, tuve, pues soñé la vida. Sin embargo al despertarme todo había acabado, y la misma medida que tanto estimé anoche se´mutó en un arrepentimiento mortal, pues había bebido un manjar insostenible para mi responsabilidad, inaudito para mí mismo. Y así la pureza aún conservada en mis venas era aora mi mayor penitencia, la muestra mas orrenda de mi ser, se este asesino.Y solo de pensar qué me espera, si no repetirlo pues algo peor sucederá, y no puedo soportarlo.Es tal que si mi sed fuese ahora la muerte, el arrepentimiento y castigo no es suficiente. Oh dios mío, nuna dejé de creer en tí, perdoname Padre Santo, porque he pecado mortalmente y solo mortalmente puedo librarme de esta pena que me persigue en vida. Perdoname PAdre Santo, acójeme en tu seno y librame de las tinieblas, e nomine patris, et filli et espiritus sanctus. Amén. Estados para Whatsapp

 

El Autor de este relato fué -Lestat- , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=4502&cat=terror (ahora offline)

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2020-02-20

 

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