Relatos cortos eroticos Desvirgaciones Esas niñas IV

 

 

 

Como les conté anteriormente, ya las cinco niñas habían sido defloradas por mi verga, o también conocido como el "Asesino de niñas". Llegado el día lunes tuvimos una pequeña plática, durante el recreo, sobre lo ocurrido el sábado, y en suma me hacían saber que se sentían contentas por haber disfrutado de esa experiencia a su tan tierna edad, aunque claro con el sabido dolor que sintieron el domingo en sus vaginas, después de la inauguración a la que fueron sometidas y que aún se hacía sentir por varios días más. A pesar de todo, esto reafirmó la unión y cariño que crecía entre nosotros pues deseaban que yo siguiera enseñándoles todo acerca del sexo; cada secreto cada juego debía ser experimentado en esta búsqueda de su desarrollo sexual.

 

La semana se hacía larga, demasiado larga para esperar el sábado, esto no sólo me afectaba a mí sino a las chicas, quienes me pedían que les adelantara lo que habría de ocurrir pero no lo hice pues decidí que lo mejor sería que llegara el día de forma tranquila y natural. Lamentablemente para nuestros intereses Valeria y Alexandra no podrían ir el sábado pues estarían ocupadas, una en el cumpleaños de su hermano y la otra en casa de su abuela. Así que seríamos Fátima, Olenka, la reinita Carla y yo, quienes seguiríamos con las clases particulares de sexo. Y por lo comprobado en su primera clase, eran de las más dispuestas y prometían llevarme a la locura sexual. Este sábado prometía mucho más que la final del mundial, con más goles y sólo en el tiempo reglamentario.

El viernes quedamos en que fueran directo a buscarme, pues no tenía caso esperarlas en el paradero. A eso de las 11 a.m. tocaban a la puerta y ante mí se encontraban tres "barbies" hermosas, quienes sonreían coquetas. Al pasar pude oler el delicioso aroma a champú de frutas que desprendían, limpias y vestidas como ya sabían que me gustaban; con sus minifaldas, polos y esas medias colorinas a lo "Pataclaun" que tanto usan las niñas de esta época, en una palabra: "Deliciosas".

Con la mayor naturalidad nos dirigimos al cuarto y sistemáticamente nos desnudamos, ellas aún se impresionaban con el tamaño de mi verga y a pesar de estar en reposo igual mostraba una desproporción fuera de lo normal.

- Bueno, alumnas el día de hoy vamos a continuar con su clase.- dije jugando con la situación. ¿En qué nos quedamos la clase pasada?

- Yo sé, profesorcito.- dijo Carla agregando. Qué nos enseñó a tener sexo.

- Muy bien, Carlita, que bien que te acuerdes.- dije aprobando. Y bueno, pues hoy vamos a seguir experimentando.

- ¿Con qué profe?- preguntó Fátima.

- Pues, la vez pasada hubieron muchas dudas sobre cómo era mi leche.- contesté señalándolas.

- Hoy nos toca eso, ¿cierto?- preguntó Olenkita levantando la mano como si estuvieramos en una clase real.

- Exacto, pequeña.- dije. Hoy van a ver, oler y tal vez, hasta probar mi lechita.

- ¡Yeeee!.- dijo Fátima entusiasmada al igual que sus amigas.

Yo me senté en el borde de la cama y conminé a las niñas a ponerse de rodillas delante de mí, ante ellas se mostraba mi pene aún dormido esperando que lo mimaran para despertar. Fátima fue quien tomó entre sus manos al "bello durmiente" y con su habilidad innata pronto logró que éste creciera sobremanera, siendo acompañado por el asombro de sus amigas; Olenka y Carla empezaron a acariciar mis huevos a la par que su amiga seguía con su labor, ahora a dos manos, por lograr que mi negra verga alcanzara su colosal tamaño.

 

Con suavidad retiré sus manitos de mis genitales, para luego tomar mi trozo de carne y pasarlo por las caras de cada una de mis alumnas, sus risas me animaban a continuar con el juego por unos minutos. Carlita se me mostraba mucho más hermosa que nunca y acariciando su barbilla le ofrecía mi verga rozando sus labios, ella no necesito explicaciones y se fue tragando con una pequeña dificultad los primeros centímetros de carne. Su respiración era entrecortada, sufrida en algunos momentos pero eso no la detenía pues como buena alumna no deseaba defraudar a su profesor. De un momento a otro se la saqué de la boca y la ofrecía irreverente a Olenkita, quien no se negó a mi regalo. Con fruición la niña me daba deliciosas mamadas, a pesar de no poder tragar como sus coetáneas la mitad de mi trozón de carne. Bañado en saliva infantil me dejaba llevar por la energía que ponía mi alumna por satisafacer su gula endiablada y para mi sorpresa su mano me acariciaba los huevos mojados por sus fluídos bucales.

Después de unos minutos tenía ante mí, los ojos de Fátima, la muñequita mamadora por naturaleza, de un bocado pudo tragarse poco más de la mitad de mi salchichón siendo la delicia absoluta, de rato en rato se le escapaba de su cavidad bucal por el esfuerzo y vigor de sus mamadas pero ella como natural conocedora volvía a atrapar con su boca mi plátano bellaco que se meneaba esperando el calor y la humedad de su garganta. Esta niña me daba la mamada de las mamadas, nunca antes ninguna mujer me había proporcionado tamaño placer, con el perdón de mi reinita Carla, pero lo de Fátima era algo inexplicable, que rayaba con lo sobrenatural pero que en el fondo era como decía antes, el despertar de su carga genética, que en lo sexual la hacían una experta en la materia. Definitivamente mi pequeña alumna se merecía un veinte. ¡Sobresaliente!

Los minutos pasaban con la niña atragantándose de mi pedazote de carne, su lengua lamía a todo lo largo y ancho, sin olvidar mis huevos que se metía en la boca uno a la vez. De nuevo acerqué a Olenka para continuar con la faena dejada a medias por su amiguita; imitando lo visto, procuró el máximo esfuerzo de sus mandíbulas por tragar la mayor cantidad de verga. Por largos minutos dejé a la niña desenvolverse a su propio gusto, y tan sólo me entretenía contemplándola golosa como me dejaba la morcilla tamaño familiar ensalivada.

- Muy bien Olenkita, sigue así, pequeña.- dije animando su accionar. Come todo lo que puedas.

- Lo esta haciendo bien, profe.- dijo Carla apoyando a su amiga que trataba de hacer una mueca de sonrisa pero al tener sus comisuras tan extendidas le fue imposible.

- Claro que sí, ya ven cómo con práctica se aprende.- susurré mientras tomaba los cabellos de la mamadora haciéndole una colita.

- Sí, profe, ya estamos aprendiendo.- agregó Fátima sin dejar de mirar a su amiga.

- A ver Carlita, ven.- dije desprendiendo a Olenka cual bebita de su biberon de carne.

Los ojos de la reinita se agrandaban de asombro con las pulsaciones de las venas que recorrían mi verga. Con una mano sostenía la base acariciando mis huevos y con la otra estiraba a más no poder todo el pellejo de mi animal. Arriba y abajo, su manito trataba de que no se le escapara tamaño pedazo pues no conseguía sujetarlo completo, así tuvo que ayudarse con la otra mano dejando para más tarde mis testículos, divertida y sonriente me masturbaba a dos manitas que resaltaban blancas y luminosas en el tubo negro que la seducía. Su lengua tanteo el ojo meón que supuraba jugos preseminales, babita como le dicen mis "barbies", lamiendo lujuriosa toda la cabezota inmensa que se adentraba cada vez más. Cuanto me gustaba ver a mis alumnas, en esa dicotomía de goce y sufrimiento, al forzarse tragar la mayor cantidad de salchichón chinchano. Su rostro enrojecido y la dificultad para poder respirar cegaban completamente mi sentido común, no lo podía negar, cierto sadismo en esa escena me gustaba sobremanera.

 

Si una de mis alumnas tenía que hacerme eyacular esa tendría que ser la reinita Carla. Me acomodé acercándola a mi entrepierna, sin que ningún centímetro de carne tragada se escapara de su garganta. Tomé su cabello rubio entre mis manos haciéndole una graciosa colita, y nos dejamos llevar por la lujuria. Su respiración caía caliente sobre mi miembro, ensalivado a más no poder.

- Mírame reinita.- susurré arqueando mi cuerpo y besando su frente salpicada de sudor.

Sus ojos azules, su carita pecosa eran demasiado para resistir, no tuve más remedio que aguantar todo lo que podía, minutos después estallaba en lechazos dentro de la garganta de Carlita, ella por instinto al sentir las primeras gotas, sacó mi verga y una devastadora cantidad de chorros seminales terminaron por salpicar su cara. Mi pequeña reinita me miraba algo confundida al sentir la lechada que se escurría por su nariz, labios y barbilla, así como una pequeña gotita que colgaba traviesa en las pestañas de su ojo izquierdo. Yo exprimía mi trozote de carne sacando las últimas gotas que formaban un globito en la punta de mi glande, acercando mi pene a su boca, Carlita la atrapó con su lengua. Todo sobre productos Xiaomi

- Vaya, si que me hiciste eyacular con ganas.- dije recobrando la respiración.

- Profe, ¿eso es su leche?- preguntó Fátima acercándose a observar con detenimiento el extraño pero seductor fluído en la cara de su amiga.

- Así es pequeña, ¿ven por qué le digo así?- contesté arreglando los cabellos de la reinita.

- Si profe, se parece mucho a la leche.- respondió Olenka mirando a su amiga. ¿Y sabe feo?

- No, sabe salado, medio raro pero no feo.- contestó Carlita con el rostro embadurnado con humectante de semen natural.

- ¿No quieren probar ustedes?- pregunté a sus amigas.

- Sí.- contestó Olenka y sin que le dijera más, pasó un dedo por la mejilla de su amiga, tomando unos grumos de lechita que se chorreaban de su dedo.

- ¿A qué huele?- preguntó Fátima.

- Algo raro que no se que será.- contestó a la interrogante y luego se chupó el dedo degustando su sabor. Tienes razón Carla no sabe feo.

- A ver yo quiero.- dijo Fátima pasando un dedo por la otra mejilla de su amiga, siguiendo los mismos pasos de Olenka. Está rico.

Las dos niñas se miraban asintiendo por el agradable sabor que experimentaban sus paladares infantiles. Ellas, por su minoría de edad, estaban prohibidas de probar licor pero eso no las detuvo en darse el gustazo de probar semen. Ajena a nosotros, la reinita no sabía que hacer con toda esa capa de líquido testicular en su cara pecosa y me miraba ansiosa por saber que hacer.

 

- Vamos al baño, Carlita.- dije ayudándola a levantarse. Has pocito con tus manos para que no se escurra la leche por el suelo.

- ¿Así, profesorcito?- preguntó.

- Sí, así está bien.- dije acompañándola. Acércate rápido al lavatorio.

Mientras dejaba correr el agua, yo sostenía del cabello, como hace unos instantes, a Carlita, quien con fruición se enjuagaba todos mis fluídos de su rostro. Le alcancé la toalla y sola se fue secando, y unas risitas me hicieron voltear percatándome que sus amigas estaban espiando jocosas desde la puerta.

Una vez terminado el aseo de la reinita, regresamos los cuatro a la cama, y nos echamos a retozar jugando a las cosquillas con nuestros trajes de Adán y Eva. Tanto contacto corporal me provocó una nueva erección descomunal, la tibieza de sus miembros, la sedosidad de sus cabellos y sus timbres de voz de sopranitos eran una sensación que aún me provocaba sobremanera. No había marcha atrás, me había vuelto adicto al sexo con niñas. Y supongo que quien haya experimentado esta sensación se mostrará de acuerdo conmigo, es un mundo completamente diferente... ¡me sentía en el paraíso!

- Profe.- dijo Carla acostada mientras descansábamos de tanto jugar. Y eso del espejo que me dijo la semana pasada, ¿qué pasó?

- Ahhh, te refieres para ver los dos como entra mi verga.- dije recordando lo prometido días atrás.

- Sí, profe, parece que se estaba olvidando.- agregó Fátima.

- Ja,ja,ja, bueno casi se me pasa, pero ya que me hicieron recordar pues hagámoslo.- contesté levantándome de la cama.

Lo primero que hice fue ir a la sala y traer un sofa individual, para colocarlo al lado de la cama; después abrí una puerta del ropero y ante nosotros apareció el espejo de cuerpo entero que nos permitiría observar nuestros deleites sexuales. Ellas se dieron cuenta de cómo iba la cosa y me ayudaron a acomodar el sofá lo mejor posible. De pie y sonriendo, mirábamos la disposición de los objetos.

- Bueno, ya está todo listo chicas locas.- dije señalando. ¿Quién es la primera?

- Yo profe, yo voy primera.- gritó Fátima.

- No, profe, yo.- dijo a su vez Olenka.

- Y yo, ¿no?- preguntó la reinita sorprendida por los ánimos exhaltados de sus amiguitas.

- Ya, mejor no escojo yo porque sino se me ponen celosas.- contesté. Así que mejor se la juegan al "Yan kem po".

Así fue que las niñas mostraron cada una su juego, una sacó papel, otra tijera y otra, también papel. La ganadora soltó un grito de alegría contenida y me abrazó. Yo tengo mis predilectas como ya les comenté pero no las hago evidentes porque a final de cuentas puedo disfrutar de todas cuando quiera.

- Bueno, déjame acomodarme.- dije a la afortunada Olenkita mientras me sentaba en el sofá.

- Ya profe.- contestó acercándose.

- Pero primero tienes que despertar al "dormilón".- dije bromeando y señalando mi verga.

- Si pues profe, mire como duerme.- dijo agarrando al animal a la vez que se arrodillaba ante mí.

Sus labios volvieron a envolver el manzanón que como por arte de magia, aumentaba su tamaño abusador. Su manito ayudaba a esta reacción acariciando mis huevos, que se hinchaban ante las caricias de la niña.

- Ya está grandota, profe.- dijo mi alumna agarrándola entre sus dos manitos.

- Bueno, entonces súbete.- contesté permitiendo que se trepara al sofá. Ponte dándome la espalda.

- ¿Así profe?- preguntó esperando mi aprobación mientras bailaba al ver su figura reflejada en el espejo.

- Sí, muy bien y parece que ya te estás divirtiendo- contesté acariciando sus nalgas que quedaban ante mis ojos. Ahora ponte de cuclillas.

- Ya está profe.- dijo como buena alumna haciendo muecas graciosas que reflejadas iban para mí. ¿Qué más hago?

- Bueno, pequeña, ahora pon la cabeza de mi verga en la entrada de tu vaginita.- dije mientras yo sostenía la base de mi embutido. Y cuando hayas hecho eso, deja que vaya entrando lentamente.

- Sí, profe, ya está entrando.- contestó soltando uno que otro quejido al sentir por segunda vez el tamaño de mi trozo de carne en su conchita pero sin dejar de observarse en el espejo. Ya la estoy sintiendo.

- Así es Olenkita, sigue así que lo estás haciendo bien.- dije tomándola ahora de las caderas y también disfrutando de nuestros cuerpos reflejados, la gravedad hacía el resto.

- Ayyyy, me dolió profe, entró mucho.- gritó adolorida deteniendo sus movimientos descendientes.

- Bueno, hasta ahí nomás linda.- dije disfrutando de su dulce opresión vaginal. Ahora échate para atrás hasta acostarte.

- Como diga profe.- contestó apoyando sus brazos a los lados del sofá mientras su espalda terminaba sobre mi pecho.

- Muy bien, lo haces muy bien.- dije sonriendo a sus amigas. Ahora estira tus piernitas pero déjalas abiertas.

En el espejo la figura de un hombre negro y una niña blanca al natural reflejaban un contraste muy singular. Con suavidad empecé a entrar y salir de su cuerpito púber, ella soltaba tenues gemidos y su respiración era agitada, mi vergón se adentraba centímetro a centímetro ganando un poco más en su interior. Cristalinos sus flujos de hembra arrecha se deslizaban a lo largo de mi garrote, mis brazos la atenazaban por la cintura sin permitirle escapar aunque por las muestras de placer hacían pensar que no desearía perderse tremendo goce.

El deleite era mutuo, mi mano se deslizaba frotando su clítoris a punto de estallar. Los minutos pasaban sin importarnos pues nuestras mentes y cuerpos estaban enfocados en el acto sexual.

- Mírate, cómo te entra.- dije a Olenka sin detener mi acometida.

- Sí, profe, ayyy, sí lo veo entrar en mí.- gritó dejando escapar luego un suspiro de goce.

- Que buena idea fue esto del espejo.- susurré mordiendo un mechón de su cabello.

- Así, profe, siga así.- gimió moviéndo sus caderas, la niña buscaba su propio placer, para sorpresa mía.

No había nada que hacer estas niñas aprendían con un gusto o gustaban de lo que estaban aprendiendo; sea lo que fuera, yo no me molestaba en lo absoluto, sería su "crash sex dummy" o sea su muñeco de pruebas sexuales.

El Autor de este relato fué Miguel , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=11504&cat=craneo (ahora offline)

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Como les conté anteriormente, ya las cinco niñas habían sido defloradas por mi verga, o también conocido como el 'Asesino de niñas'. Llegado el día lunes

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2020-05-16

 

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