Relatos cortos humor Hechos Reales Lo que es o lo que quise que fuese

 

 

 

Pienso que toda historia tiene dos formas de contarlas. Una es reflejar lo que ha ocurrido y otra, la más habitual es reflejar lo que te gustaría que hubiese ocurrido.

Es evidente, que el protagonista de la historia, que generalmente es quien la escribe o cuenta, difícilmente sea una víctima de su incompetencia o de su cobardía, raro sería que el relato no lo “condimentase” con algún toque de valentía, arrojo, heroicidad, exageración o invención, en fin, algún que otro “aderezo” más, que deje la historia entretenida, y al personaje como un héroe.

Es probable que pienses que mi historia tiene algo que ver con esto, sería lógico que creyeses que voy a poner la maquinaria de mi imaginación en marcha, y con mi sentido característico de la exageración, voy a comenzar a contar un relato que poco o nada tiene que ver con la realidad.

 

Pues, aunque me cueste reconocerlo, llevas toda la razón. Digamos que está basado en un hecho real, es indudable que la historia ocurrió, pero sólo yo sé como ocurrió, o cómo quise que ocurriese.

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Creo que fue un miércoles, recuerdo que hacía bastante frío y si no me falla la memoria era primeros de noviembre. Comienzo mi turno de trabajo, con ganas, ilusión y alegría. Tengo un poco de sueño, aunque lo mitigo pronto, cuando veo a mis compañeros tan joviales como siempre, haciéndome mucho más amena la mañana. No puedo negar que mi trabajo me gusta, que tengo unos buenos compañeros y que vengo ilusionado todos los días a mi centro de trabajo.

Hoy comienzo mi turno en la recepción del edificio. La mañana parece tranquila. Me asomo por la puerta de cristal y veo cómo alguien deja un vehículo con el motor en marcha a la entrada del edificio. Mi instinto me dice que no es lógico que una persona sola, espere a nadie, cuando nadie había en el edificio. Me siento en la silla, toco mi arma reglamentaria, que tengo en el lado derecho, y mi defensa en el lado izquierdo de mi cinturón.

Hoy voy a actuar. Hoy es mi día. Quiero demostrar mis aptitudes y mi valentía. Deseo que llegue el momento. No sería bueno que el presunto malhechor, que continúa con el vehículo en marcha, me viese, por que si no, podría asustarse y huir de la zona, con lo que me quedaría sin tener esa actuación estelar tan deseada. Permanezco sentado, en guardia y vigilante, cuando...LLEGA EL MOMENTO..

Una mujer comienza a subir las escaleras. Lleva un bolso. En ese instante y a través del reflejo en el techo compruebo como el “presunto” sale del vehículo y sube las escaleras velozmente.

Debo de aguardar unos instantes, en caso contrario se chafaría el plan urdido. Veo como cada vez está mas cerca de la mujer...ES EL MOMENTO. Doy un respingo de la silla, abro las dos puertas de cristal con un golpe de hombro, sujeto fuertemente la porra con mi mano derecha.

El ladrón agarra a la víctima por detrás. Con una mano comienza a tirar del bolso, ante mi llegada veo como empuña un arma, pero saco la defensa de la taleguilla, y con un golpe de revés, cuan tenista de primer nivel, le doy en la muñeca y sale el arma desprendida de su mano hasta el primer tramo de escalera. El ladrón huye despavorido.

Baja las escaleras de tres en tres y en un último intento por salvar su honra, se agacha y recoge su revólver. Se gira, pero....ahí estoy yo, de pie, impávido, con la mano firme apuntándole a la sien. El ladrón pide clemencia. Jura y perjura que no lo volverá a hacer. Que tiene 2 hijos a los que alimentar, que se quedarían huérfanos y muchas más sandeces que no recuerdo. Mientras le sigo apuntando con el arma, con la mano izquierda saco los grilletes, uno se lo coloco en su mano y otro en la barandilla del exterior del edificio.

 

Me doy cuenta que la mujer, debido al fuerte tirón recibido ha caído al suelo y ha rodado por las escaleras. No se mueve, parece inconsciente. Compruebo el pulso. No tiene. Es el momento de realizar la reanimación cardio-pulmonar. Las insuflaciones de aire hacen que aumente su caja torácica, entonces me arrodillo en el lateral de su cuerpo y comienzo a realizar las contracciones, apretando fuertemente el esternón. La víctima comienza a toser, ha salido de la parada respiratoria, Soy un héroe, aunque creo que he cumplido con mi trabajo.....¡¡ESTO NO ES CREIBLE!!

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Es evidente que ya no existen personajes así más que en las películas, y que hay demasiados héroes en los cementerios, así que voy a dar otra versión de lo que ocurrió.

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Era un día más, recuerdo que estaba cansado y tenía mucho sueño, no en vano llevaba ya varios días seguidos en este insufrible trabajo.

Voy al cuarto a cambiarme, como si fuese un “zombi” y al abrir la puerta noto, a pesar del sueño, como no he perdido mi capacidad olfativa, ya que un hedor incalificable, salía desprendido de un par de zapatos bien alineados que había sobre una taquilla. Estoy cansado, pero debo darme prisa en cambiarme, no por que tenga ganas de comenzar mi jornada, si no por que no aguanto más el pestilente aroma.

Hago el relevo a mi compañero, que parece casi más amargado que yo, no en vano, yo he dormido poco, pero él no ha dormido nada. Ocupo mi lugar en recepción.

Hoy ha habido suerte y han dejado algún periódico, en concreto “el marca”. Estoy preparado para aguantar como todas las mañanas a empleados poco educados y menos educados. Les cuesta el desearte los buenos días. La mayoría no viene con excesiva ilusión a trabajar, pero digo yo, y a mí que me importa, si no tienen ganas yo menos, si tienen problemas, yo más, y si han madrugado, casi seguro que no se han levantado tan pronto como yo.

Voy con barba de dos días y tengo un aspecto bastante desaliñado. El nudo de la corbata ya le tiene cogida la forma, por que continúo con el mismo que anudé hace 2 meses, tampoco me preocupa excesivamente. Los puños y cuello de la camisa, a pesar de estar lavados, tienen un cerco más oscuro en los pliegues, fruto de la mala calidad del tejido. Y pienso yo, tampoco me contratan como modelo, ni para exhibirme, así que, ¡que se conformen con lo que hay!.

Antes de comenzar la lectura detallada de“El Marca”, voy a por un café a la máquina, de esos que te dan gratis. Lo llevo a recepción, doy el primer sorbo y ¡qué asco!, Hoy sabe especialmente mal.

Desgraciada o afortunadamente, estos cafés tienen efecto laxante inmediato. No puedo aguantarme y aunque la recepción se quede sola tengo que hacer”de tripas corazón”. Me encamino al baño con el diario deportivo “marca” en la mano, por si se hace larga la espera, aunque no lo creo(por razones gastrointestinales obvias.

Estando en plena evacuación(gástrica), escucho un grito despavorido de una mujer, a lo que yo contesto malhumorado con un “¡YA VAAA!”. Pienso en la poca paciencia que tiene la gente y salgo precipitadamente con la corbata de lado, la camisa por fuera y la bragueta bajada, y es que a uno no le dejan ir ni al baño tranquilo.

Sorpresivamente no hay nadie esperando en recepción, por lo que imagino que la persona impaciente habrá dado un salto por los tornos. Vuelvo a sentarme y continúo la lectura de la crónica del partido que el Madrid ha jugado en Europa contra el Partizán el día de ayer.

Al rato entra una mujer despeinada, con voz temblorosa y probablemente maltratada por su marido, por el fuerte golpe que tenía en la cabeza. Dice que no recuerda nada, y que ha aparecido en el suelo del rellano de la escalera de la entrada del edificio. Que ha debido perder el bolso y por lo tanto también su tarjeta de acceso.

No me creía nada. Era evidente que sufría maltratos, por lo que le invité a que lo denunciase. Ella seguía diciendo que no se acordaba de nada, y que no sabía por qué no tenía el bolso, y se había despertado tendida en el suelo.

Insistía en acceder al edificio, decía que era empleada de Audatex. Le solicité el DNI, pero también lo había perdido, por lo que cumpliendo con las estrictas normas de seguridad del edificio no la permití el acceso. La mujer seguía aturdida, pero se marchó. Creo que actué correctamente. Se han cometido varios robos en la zona y hay que extremar las medidas de seguridad.

Al poco rato recibo una llamada de la Seguridad del “Edificio de Renault”. Me comunican que tienen en su poder el bolso de una persona que trabaja en nuestro edificio.

Su nombre coincide con el que me había dado esta señora, una mujer por cierto que vive sola, que tiene un puesto de responsabilidad en la empresa Audatex y que recuperó su lapso de memoria.

El que esto escribe, a día de hoy busca trabajo...¡¡MALDITO CAFÉ!!.

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Si quieres saber la verdadera historia que ocurrió el día 5 de noviembre de 2003 a las 7:30 horas, no tienes más que consultar el informe que redacté y que fue enviado a mi delegado de Seguridad, Sr. Navarro.

Oscar. 9 de noviembre de 2003

El Autor de este relato fué Oscar , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=6350 (ahora offline)

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2020-09-20

 

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